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Una amapola entre cactus, de Batia Cohen

Susy Anderman


Batia Cohen, autora de Una amapola entre cactus, un libro que edita Silvia Cherem bajo el sello de Khálida Editores, realizó un trabajo espléndido para documentar, narrar y recrear la vida de su abuela política Szura Pupko a quien le tocó vivir en carne propia los horrores del siglo XX, y sobrevivir de manera insólita al odio y a la maldad que aquejaron Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
Como dice Silvia Cherem en la contraportada de este magnífico libro: "La historia de Szura Pupko rebasa cualquier ficción. Nació burguesa, coqueteó con el comunismo, cayó presa del nazismo, huyó de los campos de concentración y logró cobijarse con los Bielski, un grupo de partisanos que saboteaba destacamentos alemanes desde los bosques de Bielorrusia. El relato deslumbrante de Una amapola entre cactus, alude en primera persona a las demenciales contradicciones europeas, que determinaron el siglo XX y a la lucha personal de una heroína, que se empeñó en sobrevivir a la barbarie".
¿Fue la suerte, la que le permitió sobrevivir a Szura?, le pregunto a Batia Cohen. Medita y responde: "Sí, pero esa suerte se basó en tener información, ser perspicaz y saber tomar decisiones".
Cuenta Batia que desde que se casó, le atrajo conversar con la abuela de su esposo. Se interesó por sus historias, por su orfandad temprana en Lituania. Le sorprendían sus relatos de los pogroms en Anyksht. Su llegada a Lida de manera clandestina, siendo una adolescente, temerosa de conocer por vez primera a su padre. Los encuentros con el idealismo y un novio comunista. El matrimonio con un burgués, dueño de una afamada cervecería. La llegada de los nazis. La supervivencia. Finalmente, la capacidad para saltar del tren. Un instante que lo determinó todo: la vida o la muerte.
Batia aprendió a leer la mirada de tristeza de Szura, supo extraer los recuerdos que difícilmente salían a flote. Encarnó a Szura, tomó posesión de sus días y supo relatar su vida. En la década que le llevó escribir este libro investigó, cotejó información, visitó lugares, hurgó detalles, insistió obsesivamente en preguntar, y se ganó la confianza de Szura que, octagenaria, abrió su intimidad sin importarle guardar secretos. Lo ventiló todo, ya nada la comprometía.
Las páginas huelen a anhelo de vivir, pero también destilan odio y muerte. Muerte en los pogroms: "La sangre dentro del shul corrió como marea en eclipse lunar, las piernas y brazos de las víctimas flotaban en sus propios líquidos. La ira del antisemitismo acumulado durante siglos, nublaba cualquier atisbo de razón". Muerte en los guetos. Muerte en los campos. Guerra y supervivencia.
Hacer el libro le llevó a Batia Cohen poco más de una década. Como investigadora que es, armó el rompecabezas de la historia y lo colmó de detalles, de vivencias, de relatos. Al final, con apoyo de Silvia Cherem, depuró, corrigió y reescribió el libro para convertirlo en un banquete para el lector. Es imposible soltarlo, lo lee uno de un tirón. Página tras página, uno queda asombrado de esta verdad, que desafía la imaginación y se convierte en un documento histórico que rebate cualquier intento de negacionismo. No puede uno quedar incólume.
Quizá lo más sorprendente es que con una pequeñita en brazos, Szura saltó del tren con su esposo y logró hallar a los Bielski en los bosques de Bielorrusia, donde sobrevivió a la guerra.
Batia inclusive, tuvo la posibilidad de entrevistar a uno de los hijos de Tuvia Bielski en la ciudad de Miami, para documentar con precisión la increíble historia de los hermanos Bielski. Esta odisea no era muy conocida hasta recientemente, cuando a través de la película "Desafío", que estuvo en las pantallas mexicanas, supimos la historia de estos guerreros, que actuaron como partisanos en el impenetrable bosque lituano rescatando y defendiendo a miles de familias judías. Esta resistencia clandestina permitió a muchos sobrevivir de la barbarie nazi, entre ellos a los Pupko.
La historia de Una amapola entre cactus, no es rosa. Parte de la familia Pupko se quedó en el tren, que los condujo a los campos de exterminio de Majdanek. De un vagón, sólo once de cincuenta saltaron al vacío, nadie sabía si el salto significaría vida o muerte. Fue un instante. La historia dictó el final. La mayoría murieron en las cámaras de gas.
Szura, su esposo y su hija Masha, llegaron a México el 27 de octubre de 1947, después de una larga odisea. Este libro, sin duda, vale la pena ser leído.

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